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Una de las cualidades humanas que la contemplación de
los bonsáis ayuda a desarrollar es la capacidad de observación y de apreciar
los detalles. Así, el que se acerca por primera vez a contemplar una colección
de estas plantas, quizá al principio piense que todas son más o menos
iguales. Sin embargo, pronto apreciará que existen distintos estilos
y maneras muy diversas de tratar y dar forma a una planta.
Estos estilos diferentes llegaron a plantear polémicas
y hasta corrientes distintas o "escuelas" en el arte del bonsái. Por ejemplo,
al principio, los cultivadores más tradicionalistas sólo admitían como
Bonsáis especímenes tomados de la Naturaleza en situación límite, pues
crecían en suelos pobres y condiciones adversas, que habían modificado
su nivel de desarrollo. Otro estilo que hizo furor fue el llamado "literario", pues se buscaba que la forma de las ramas y la silueta en general
de la planta siguiese las líneas de determinado "kanji" o ideograma de
la escritura china, por supuesto en relación siempre con la idea que el
bonsái intentaba transmitir.
No obstante, y aunque actualmente predomina una mayor
elasticidad y libertad para elegir el estilo y forma que uno quiera darle,
hay una serie de elementos que siempre deben tenerse en cuenta. Estos
elementos son de dos órdenes: metafísicos y técnicos. Entre los primeros,
los manuales de Bonsáis suelen coincidir en citar los siguientes: unidad,
verosimilitud, movimiento y gesto, potencia sugestiva y contenido lírico.
Por lo que se refiere a los segundos, se deben tener
en cuenta: el formato, los puntos, las líneas, las masas, los ritmos y
simetría, la perspectiva, la entonación y los contrastes. Se recalca que
lo fundamental es que, antes de todo, exista una idea bien clara, que
vendrá a presidir todo el trabajo y a ser como el tema de una composición,
como hacer el boceto; por ejemplo, la serenidad, la capacidad de superar
las adversidades o la unidad dentro de la variedad, principio éste que
resulta esencial en la filosofía
bonsái.
El desarrollo de los formatos sigue también esquemas
bien definidos. Puede ser rectangular, cuadrado, ovalado, circular o triangular.
Puede observar
la arquitectura de un bonsái pulsando aquí.
Estas figuras adoptan fórmulas matemáticas siguiendo
la llamada proporción áurea. Una expresión de estos cálculos, que se percibe
a simple vista, es que el tronco principal del bonsái nunca surge desde
el centro de la maceta, sino que aparece ligeramente desviado, consecuencia
de las medidas áureas y de que se emplea la llamada simetría equivalente.
Las líneas que van a seguir tronco y ramas en su crecimiento
controlado, tienen también asignado un simbolismo expresivo perfectamente
definido, que según un maestro de bonsái español, se puede resumir de
la siguiente forma: la línea recta expresa fuerza que se lanza sin encontrar
obstáculos. Si es vertical asociada a masas verticales y rectangulares,
fuerza ascendente, vigor, acción, decisión mental, alegría, idealismo,
crecimiento. Si tienden a la horizontalidad, hablaría de una "fuerza vencida
por la gravedad", por lo tanto, reposo, estabilidad, calma, severidad,
negación, sueño y muerte.
Por su parte, las líneas inclinadas muestran inestabilidad,
movimiento, inquietud, provisionalidad. Las curvas simbolizan lo acabado
y perfecto, elasticidad, flexibilidad y vitalidad, feminidad, amor. Las
espirales expresan la fuerza que se repliega para lanzarse, y las quebradas
el movimiento fulgurante, energía, violencia y poder.
El ojo del aficionado al bonsái que se ejercita en contemplar y se aficiona
a descubrir pequeños detalles que son reflejo de lo que la Naturaleza
produce "a gran escala", no desprecia las formas caprichosas de ciertas
piedras o pequeñas rocas, para incorporarlas a sus composiciones.
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