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La situación de exterior es la más "normal" para cualquier especie
vegetal. Las plantas pueden vivir en los lugares más inhóspitos
del planeta, sin precisar de ninguna protección especial por parte
del hombre. Cada planta está adaptada a vivir bajo un rango de temperaturas,
humedades, radiación, etc. Los bonsai se comportan de manera similar,
así que según la adaptabilidad de cada especie, el rango de valores
que puede soportar respecto de tales parámetros será mayor o menor.
Muchos
son los árboles que agradecen las bajas temperaturas en invierno
y soportan los calurosos veranos mediterráneos. Pinos y juníperos
son típicos bonsai de exterior; en invierno resisten (e incluso
prefieren) temperaturas muy bajas sin problemas, aunque las heladas
continuadas pueden afectar las raíces. En lugares de frío intenso
se suele enterrar el bonsai (la maceta) o cubrirla con paja, evitando
así que hielen las raíces. La parte aérea del árbol resiste perfectamente
temperaturas negativas. En verano el consumo de agua es notable,
más aún si se sitúan a pleno sol, cosa que agradecen. El calor no
es problema para estas especies: las de hojas aciculares, como los
pinos, pueden soportar el frío, el calor más intenso e incluso una
sequía moderada. El exceso de agua en las raíces es el principal
enemigo para este tipo de árboles; de no existir un buen drenaje,
estos árboles son susceptibles a enfermar por el ataque de hongos
u otros parásitos.
Podriamos resumir las necesidades vitales de una planta
en cuatro: aire, agua, luz y tierra. Estos son los elementos naturales
que encuentran ampliamente disponibles en condiciones de exterior.
Con la única excepcion de plantas que queramos cultivar fuera de
su clima, a las deberemos procurar condiciones parecidas a su entorno
natural, (ver bonsai de interior) el optimo de crecimiento se dará
siempre en el exterior.
Las
plantas están adaptadas y precisan de los elementos antes citados.
Algunas, como manzanos precisan de un numero de horas de frió invernal
para florecer profusamente, otras como pinos, de una insolación
máxima y un riego muy controlado, sus hojas están preparadas para
evaporar poco agua.
Cultivando estos árboles en el exterior todo el año,
disfrutaremos del paso de las estaciones (brotación primaveral,
coloración otoñal) y si decidimos entrarlos en casa para recibir
una visita, o alegrar una estancia por unos días el árbol estará
en su máximo esplendor.
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