El Rincón filosófico
Estamos a su servicio
Todo para el bonsai
Embalajes
Nuestras instalaciones
Exposición
Acerca de Mistral Bonsai S.L.ContactoAyudaIr a la página principal
MinoristasMinoristas Mi informaciónMi información Ver cesta de la compraVer cesta de la compra

|

|

|

 

Bienvenid@s a www.mistralbonsai.com

Más de 1500 productos a su disposición

 

Buscador de productos


Recomendamos

  Noticias
  Eventos
  Eventos Celebrados
  Artículos
  Paso a paso
  Curiosidades
  Nuevos Talentos
  Regalos Empresa
  Descargas
  Revistas Digitales

El Congreso

  Congresos
  IV Premio Olea
  V Congreso

Participe...

  Foros
  Talleres
  Infórmenos
  Ayúdenos a mejorar
  Trabaja con nosotros
  Bonsái infantil
 Bonsái lúdico
  Comparte

Le informamos

Entre su e-mail:

 Le informamos

Vínculos

 Asociaciones
 Links de interés

RSS


Mistral gadget


Add to Google

Rincón filosófico

Contexto filosófico

Zen

Ceremonia del té

Bambú de la suerte

Contexto filosófico


Cultivar Bonsáis puede resultar una actividad gratificante en sentido espiritual tal como la concibieron sus creadores chinos.

Buscar con el bonsái aproximarse a una vía sugestiva de conocimiento de la Naturaleza, un poco rodeada de un misterio muy oriental. El caso es que abundan ya en España las Escuelas de Bonsáis, potenciadas incluso por algunas universidades que imparten cursos a los interesados, y también pequeños talleres donde los aficionados se reúnen, consultan dudas y se enriquecen con la experiencia de otros más veteranos.

Pensar, que cuidar Bonsáis no es muy distinto de cualquier otra tarea de jardinería, sólo que más elaborada y pensada y que, por tanto, está bastante al alcance de cualquiera que sienta una inclinación por las cosas naturales, que sepa apreciar la satisfacción de dar forma a un árbol, recreando paisajes, montañas y bosques.

Por otra parte, las viviendas actuales, con poco espacio, no permiten un disfrute de la jardinería que, sin embargo, sí es posible con los árboles en macetas. Como en todo, lo mejor es no complicarse excesivamente la vida y enfocar el asunto con sencillez, tal como se debió de plantear en principio, y romper con la opinión de que cultivar Bonsáis es dedicarse a torturar a unos pobres arbolitos enanos. Después de todo, siempre se ha acostumbrado a guiar el crecimiento de los árboles y las plantas, con elementos como alambres, estacas, etc., sin que por eso nadie haya levantado la voz de alarma acerca de la tortura que se les aplicaba. Lo esencial es, sin duda, tener algunos conocimientos de Botánica, los suficientes como para no dejarse deslumbrar por las terminologías latinas, que tanto abundan en catálogos y exposiciones de bonsáis, y por supuesto, familiarizarse con las técnicas de tratamiento de las plantas bonsáis que, muy al modo oriental, están perfectamente sistematizadas, a través de una práctica que ha ido acumulando experiencias durante siglos.

Más allá de sus componentes técnicos elaborados y de los efectos visibles que se obtengan en el tratamiento de una planta, se podría decir que, lo más importante de un bonsái, es su contexto filosófico, que se basa en un origen religioso. Este origen, del bonsái, estuvo centrado en China, en relación con la Religión Taoísta, con su misión de comunión con la Naturaleza, porque todo el Universo está representado por el Tao, que es como el sentido de la vida, la armonía interna de todo lo que existe, su razón de ser. Para los taoístas, además, las miniaturas son capaces de sintetizar la energía natural y, por lo tanto, guardan una especie de dominios especiales, sobre todo si están contorsionadas o conformadas por condiciones adversas.

 

 

El paso de esta práctica de China al Japón motivó que se le contribuyesen nuevos enfoques, tanto técnicos como filosóficos y religiosos, más tarde fue adoptada por el Budismo Zen. Los monjes zen se convirtieron en grandes maestros del bonsái y, desde el principio, le condescendieron una mayor ritualización y jerarquía. A pesar de su popularización, todavía sigue siendo un arte que se aprende de una relación práctica entre maestro y discípulo, un poco al estilo de los talleres de los artistas del Renacimiento en Europa. El respeto y veneración por un maestro es tal, que un árbol tratado por uno de ellos alcanza altísimas cifras cuando es puesto a la venta. En la actualidad, este rígido método ha dado paso a una mayor elasticidad, a lo que sin duda contribuye el hecho de que el bonsái haya pasado de los monasterios zen a las modernas terrazas de los apartamentos occidentales.

Cuando en 1909 se realizaba por primera vez en Europa, concretamente en Londres, una exposición de Bonsáis, se abría una nueva etapa para este árbol oriental, cuyos primeros testimonios datan del siglo XIV en China. En todos estos siglos, numerosos estilos se han sucedido en la práctica de un arte que, más allá de una simple afición de jardinería, busca expresar estados de ánimo, ideas y formas, además de estar en comunicación con la Naturaleza.

Aunque no deja de mantener su carácter enigmático, no cabe duda que los maestros orientales se han visto sustituidos por los clubs de aficionados de Occidente y las revistas especializadas. Se atiende a la perfección y eficacia de las técnicas empleadas, a la espectacularidad de los efectos logrados, y hasta a la competición que se establece en exposiciones diversas, más que a la idea que el bonsái, en un plano más espiritual, intenta transmitir.

 

Por otra parte, la forma de apreciar el tiempo que se tiene en Occidente, tan diferente a la oriental, se ve reflejada, por ejemplo, en lo que se considera en la actualidad un buen bonsái: debe tener aspecto de árbol fundamentalmente, aunque sea un ejemplar inmaduro de cinco años. Sin embargo, antes, se decía que para que un árbol fuera perfecto necesitaba, por lo menos, cincuenta años de maduración.

El cariño que tenían los japoneses por sus Bonsáis se ve ejemplificado en el argumento de una obra de teatro "noo" en la que el labrador Tsuneyo, que no tenía más que tres Bonsáis -un pino, un cerezo, y un albaricoquero-, los quemó una noche de nieve para calentar a un ilustre huésped que se presentó de improviso en su casa y que luego resultó ser un gran sabio.

SubirSubir

Zen

 

Alegría y felicidad
Existen dos formas reconseguir llegar a la alegría y la felicidad. Un camino es realzar la sensual belleza de todo lo que nos rodea.
El otro es eliminar cualquier cosa que pueda ensombrecerla. Dejando las cosas en su esencia, llegamos a una claridad que nos ayuda a enfrentarnos mejor a ellas. La complejidad puede crear efectos espectaculares, pero la simplicidad nos permite una mayor concentración y la apreciación de nuestro entorno con una sensibilidad más profunda y directa.

 

Sentido y espíritu
La estimulación viene del ambiente. La tranquilidad viene del interior de uno mismo. Supongo que así es como disfruto viviendo con menos objetos en mi vida.
Creo que todos los objetos tienen un alma, y que todo el mundo tiene la sensibilidad necesaria para poder ser consciente de ese alma. Estar rodeado de objetos es como encontrarse en una estación de tren en hora punta: en ocasiones, es mucho mejor estar solo y tranquilo.
Todos confiamos fuertemente en las comunicaciones. Vivimos en un reino de perturbaciones, que deterioran nuestra visión y percepción.
Demasiadas cosas no están hablando al mismo tiempo.
De forma inconsciente, tendemos a enfrentarnos a ello combinando los diferentes elementos en composiciones más o menos agradables, como si hiciéramos música. Coordinamos nuestras prendas, nuestros alimentos y nuestras casas.
Una evidente aproximación alternativa sería la concentración, al llegar a la esencia, un motivo para dar un paso hacia atrás y permitirnos a nosotros mismos captar el momento propicio para sentir el alma.
Eliminando el ruido que nos rodea, percibiremos desde el interior la belleza de lo que permanece. Piense en la naturaleza en las horas tempranas. La divina simplicidad de la mañanas-el pájaro solitario cuya canción se abre camino hacia nosotros, a través de una densa bruma-.

 

Verdad y Libertad
Un lugar se convierte en tu casa cuando eres sincero. Entonces el hogar es donde se encuentran la verdad y la libertad. Uno puede vestirse para protegerse y para proyectar una imagen que considera que es la más apropiada. Pero yo no creo que crear un hogar tenga mucho que ver con afirmar una imagen determinada. Ni siquiera una imagen privada para uno mismo. Uno puede vivir su vida en dos o más planos, con una cara pública y nada privada, un recibidor y un dormitorio cerrado con llave. Creo que ninguna de las dos es enteramente satisfactoria. Un lugar se convierte en un hogar cuando la mano que guía y dispones no ni privada ni pública. Una casa no es un espejo de la propia imagen, ni un ambiente donde cultivar esa imagen. Una casa no tiene nada que ver con la imagen, tiene que ver con un <<tu>> que no necesita ninguna imagen.

 


RAÍCES DEL ZEN. ESPÍRITU DEL ZEN. LAS BASES DEL ZEN.
PUREZA Y SIMPLICIDAD. QUIETUD Y FLUIDEZ. ORNAMENTO Y FUNCIÓN. CONCIENCIA. LUZ, ESPACIO Y SOLIDEZ. SENCILLEZ Y MAESTRÍA. LA CURVA DE UNA BUENA ACCIÓN. VERDAD Y PERCEPCIÓN. CEREMONIA.
“ANTES DE QUE UNA PERSONA CONOZCA EL ZEN, UNA SILLA ES UNA SILLA Y UNA PIEDRA ES UNA PIEDRA. DEPUÉS DE UN PRIMER VISTAZO SOBRE LA VERDAD DEL ZEN, LA SILLA YA NO ES UNA SILLA Y LA PIEDRA YA NO ES UNA PIEDRA. DESPUÉS DE LA <<ILUMINACIÓN>>, UNA SILLA ES DE NUEVO UNA SILLA Y UNA PIEDRA ES DE NUEVO UNA PIEDRA.”
Dicho Zen, adaptado

 

Breve historia del Té


La ceremonia del té, que en japonés recibe el nombre de chanoyu, es una costumbre social y estética característica del Japón, en la que se sirve y se bebe el matcha (té verde en polvo). De acuerdo con las fuentes históricas documentadas, el té fue introducido en el Japón alrededor del siglo VIII, procedente de China, donde esta infusión se consumía desde el período de la dinastía Han oriental (años 25-220 de la Era Cristiana). El matcha, tal como se consume hoy en día, era aún desconocido por entonces. Su aparición no se produjo hasta finales del siglo XII, época en que fue importado de China, país entonces gobernado por la dinastía Sung. En aquellos tiempos, el té era una especia muy apreciada; se utilizaba sobre todo como bebida y se le atribuían también propiedades medicinales. Respecto a su origen hay una leyenda acerca del monje Bodhi-Dharma, el fundador del Budismo Zen. Se dice que un día Bodhi-Dharma, por haberse dormido después de años de continua meditación, se cortó los párpados, arrojándolos luego al suelo. Y en donde los párpados cayeron, dice la leyenda, brotó la planta del té; utilizando las hojas de dicha planta, los discípulos del monje prepararon una bebida que les permitía combatir el sueño y la fatiga durante sus largas meditaciones.

Dada esta vinculación con el Budismo, especialmente con el Budismo Zen, el té fue introducido en el Japón por monjes budistas, hace ya más de 1.200 años. Siglos habrían de pasar, sin embargo, antes de que el té se arraigase en el suelo y la cultura japonesa, para así poder dar lugar al florecimiento de la Ceremonia del Té.

Las bases del Cha no yu (Ceremonia del Té) fueron cimentadas en los siglos XV y XVI por tres notables maestros del té (Shoko Murata, Jo-o Takeno y, especialmente, Sen no Rikyu) quienes imprimieron en esta ceremonia su clásico sabor de Zen. De hecho, gracias a la influencia del Budismo Zen, el Cha no yu se transformó desde un simple pasatiempo social en un arte estético que ejerció gran influencia en otros campos de la cultura japonesa como en el Ikebana, la cerámica, los jardines y la arquitectura de los hogares japoneses.

La costumbre del chanoyu ha desempeñado un papel importante en la vida artística de los japoneses ya que, por sus características estéticas, implica la apreciación del recinto en que se celebra, del jardín adyacente al mismo, de los utensilios con que se prepara y se sirve el té y de la decoración, que consiste por lo general en una estampa colgada de la pared y un chabana o motivo floral especialmente concebido para esta ceremonia. El desarrollo de la arquitectura, la jardinería, la cerámica y las artes florales ha obedecido en gran medida a la influencia de la ceremonia del té. El espíritu del chanoyu, que representa la belleza de la simplicidad estudiada y de la armonía con la naturaleza, ha moldeado la base de estas formas tradicionales de la cultura japonesa.

Es más, el desarrollo de las formas de cortesía cotidiana de la mayoría de los japoneses obedece sobre todo a los formalismos que se observan en la ceremonia del chanoyu. En consonancia con este hecho, es práctica común entre jóvenes el recibir lecciones en este arte antes de casarse, con el fin de cultivar el estilo refinado y la gracia de movimientos propios del mismo.

La ceremonia del té típica

1 Materiales y equipos: Es costumbre el llevar a cabo la ceremonia en una casa especialmente dedicada a ello, que recibe el nombre de sukiya es una pequeña choza que se compone de dos habitaciones: Mizuya y Chasitsu. El Mizuya es el cuarto donde se lavan y preparan los utensilios que se han de utilizar en la ceremonia. El Chasitsu es el lugar donde se realiza la Ceremonia del Té propiamente dicha. Este es un cuarto bastante pequeño, de unos 2,7 metros cuadrados, pero lo suficientemente grande para acomodar 5 personas (considerado como el número ideal de invitados). El Chasitsu es también un cuarto desprovisto de adornos, a excepción del Ikebana (arreglo floral) y del Kakemono que se colocan en el Tokonoma, los cuales deben de ser contemplados por los invitados al entrar a la habitación. La entrada del Chasitsu es de forma cuadrada y construida a poca altura sobre el nivel del suelo; cada invitado, por lo tanto, después de descalzarse, forzosamente tiene que entrar agachado como acto de humildad. El Tokonoma, mencionado anteriormente, es descrito como un nicho o, mejor aún, como un estante de madera fina adherido a la pared y desprovisto de anaqueles. Además del Chasitsu, el Tokonoma es utilizado también en el Zashiki o habitación principal de la casa japonesa; el Tokonoma es el sitio de honor del hogar japonés. El Kakemono es un lienzo alargado, con pinturas o poemas orientales, que se cuelga en el Tokonoma.

1.1 Utensilios

Los utensilios son el cha-wan (tetera), el cha-ire (recipiente para el té), el cha-sen (agitador especial de bambú) y la cha-shaku (cucharón de servir, de bambú).Estos utensilios suelen ser valiosos objetos artísticos.

1.2 Ropas y ornamentos

Para las ropas, se prefieren los colores poco llamativos. Cuando se trata de ceremonias formales, los hombres llevan kimonos de seda de colores lisos, con los blasones de la familia y los tradicionales tabi (calcetines) blancos. Los invitados deben traer un pequeño abanico plegable y unas cuantas kaishi (servilletas de papel pequeñas), cada uno.

 

1.3 Preparación del Té

Cuando los invitados están ya sentados en sus lugares correspondientes, el anfitrión entra en silencio y toma su lugar frente al brasero. Después de ofrecer pastelillos japoneses a sus invitados, el anfitrión empieza la preparación del té.

Para ello, en un tazón echa la cantidad apropiada de té en polvo con una cucharita de bambú y luego añade la cantidad necesaria de agua caliente. A continuación, con un batidor especial de bambú, agita la bebida hasta que se forme una espuma. Una vez listo el té, el anfitrión lo ofrece primero al invitado principal quien lo acepta con una reverencia.

Para tomar el té, el invitado coloca el tazón en la palma de su mano izquierda, asegurándola con la mano derecha. Con esta misma mano el invitado gira el tazón hacia la derecha para no beber por su parte principal. Después de tomar el té en varios sorbos, el borde del tazón por el cual se bebió es limpiado con la punta de los dedos de la mano derecha; los dedos, a su vez, son limpiados en una servilleta especial que se trae consigo. Tras contemplar debidamente el tazón, el invitado lo devuelve al anfitrión quien, después de lavarlo, lo utiliza para el siguiente invitado.

La ceremonia en sí:

La ceremonia normal del té consiste en las siguientes fases:

1)Una comida ligera, llamada kaiseki

2)Elnaka-dachi, o pausa intermedia.

3)Elgoza-iri, que es la fase principal en la que se sirve un tipo de té espeso

4)Elusucha, fase final, en la que se sirve té claro.

La ceremonia completa dura unas cuatro horas, aunque muchas veces se limita a la última fase o usucha, que dura alrededor de una hora.

1)Primera fase:

Los invitadosntrar a gatas, como gesto de humildad. En la sala hay un horno de albañilería fijo, en número de cinco, se reúnen en la sala de espera. El maestro de ceremonias aparece y los conduce, por el camino del jardín, hasta la sala de ceremonias. A un lado del camino hay un recipiente de piedra con agua fresca, en el que los invitados se lavan las manos y se enjuagan la boca. La entrada a la sala de ceremonias es muy baja, lo cual quiere decir que los invitados tienen que e o bien un brasero portátil, para calentar agua. Cada invitado se arrodilla ante la capilla o tokonoma y hace una reverencia respetuosa. A continuación,con su abanico plegable colocado ante sí, admira la estampa o pintura colgada en la pared de la tokonoma., Luego hace las mismas operaciones ante el hornillo o brasero. Una vez que todos los invitados han terminado de admirar estos artículos, se sientan; el invitado principal se coloca más cerca que los demás del maestro de ceremonias. Una vez que éste y los invitados han intercambiado las cortesías de rigor, se sirve la kaiseki, que termina con unos dulces a manera de postre.

2)Nakadachi

Cuando el maestro de ceremonias lo indica, los invitados se retiran a un banco destinado a ello, colocado en l jardín interior que rodea a la casa de té.

3)Goza-iri

El anfitrión hace sonar un gong de metal, situado cerca de la sala de ceremonias, con lo cual indica el principio de la fase principal del rito. La costumbre establece que el gong se haga sonar cinco o siete veces. Después de repetir las abluciones purificadoras en el recipiente de agua fresca, los invitados vuelven a entrar en la sala. Un ayudante retira las persianas de juncos que cubren las ventanas por fuera, con el fin de dar más luz al interior. La estampa o pintura ha desaparecido y, en su lugar, se ve en la tokonoma un recipiente con flores artísticamente arregladas. Los recipientes de cerámica para el agua y el té están ya colocados en sus sitios. A continuación, entra el maestro de ceremonias, que lleva en sus manos la tetera, con el agitador de bambú dentro y el cucharón de bambú encima. Los invitados admiran el adorno floral y la tetera, igual que hicieron anteriormente con la estampa y el brasero, al principio de la primera fase. El maestro se retira a la sala de los preparativos y no tarda en volver con el recipiente para el agua sobrante, la cuchara y el soporte para la tetera o la cuchara. A continuación, limpia el recipiente del té y el cucharón con un paño especial que recibe el nombre de fukusa y enjuaga el agitador en el cuenco del té, después de verter en éste agua caliente del recipiente colocado al fuego. Luego, vierte este agua en el recipiente destinado a ello y limpia el cuenco con el chakin (paño de hilo).

El maestro de ceremonias levanta el cucharón y el recipiente del té y coloca el matcha (tres cucharadas por invitado) en el cuenco; a continuación, llena el cucharón de agua caliente, que toma del recipiente colocado al fuego, vierte un tercio del agua en el cuenco y devuelve el resto al recipiente. Luego agita la mezcla con el agitador de bambú, hasta que adquiere un aspecto y consistencia similar a una sopa de guisantes espesa. Esta mezcla recibe el nombre de koicha. Elmatcha que se utiliza para esta fase de la ceremonia está hecho de las hojas jóvenes de plantas que tengan más de veinte años de edad (hasta un máximo de setenta o más años). El maestro de ceremonias coloca el cuenco en su lugar correcto cerca del brasero o el hornillo y el invitado principal se desplaza sobre sus rodillas para tomar el cuenco. Este invitado hace una inclinación a los demás y coloca el cuenco en la palma de su mano izquierda, al tiempo que lo sujeta por uno de sus lados con la derecha. Toma un sorbo, alaba su sabor y toma otros dos o más sorbos. Luego limpia la parte del borde que ha tocado con los labios, sirviéndose de una de las servilletas de papel (kaishi), y pasa el cuenco al invitado siguiente que repite las operaciones del invitado principal. El cuenco pasa luego sucesivamente a los demás invitados hasta que todos han bebido su parte del té. Una vez que ha terminado el último invitado, éste devuelve el cuenco al invitado principal, que lo entrega al maestro de ceremonias.

4)Usucha

Se diferencia del koicha sólo en que el matcha que se utiliza está hecho de las hojas jóvenes de plantas que tienen entre tres y quince años de edad. La mezcla verde que se consigue así tiene consistencia espumosa.Las normas que se observan en esta parte de la ceremonia son similares a las que rigen el koicha, con las siguientes diferencias:

a) El té se prepara individualmente para cada invitado con dos (o dos y media) cucharadas de matcha. Cada invitado debe beber su cuenco entero. b) Cada invitado debe limpiar la parte del borde del cuenco que ha tocado con los labios con los dedos de su mano derecha y luego limpiarse los dedos con el kaishi.

Una vez que el maestro de ceremonias ha sacado los utensilios de la sala, hace una reverencia en silencio ante los invitados con lo que indica que el rito ha terminado.

Los invitados entonces abandonan la sukiya, seguidos por la mirada del maestro de ceremonias.

SubirSubir

El bambú de la suerte



Seguro que ha oído muchos relatos acerca de las propiedades del bambú.
El bambú de la suerte, es una planta que además de decorar el hogar y de transmitir felicidad, puede describir el carácter de una persona. Pues tener espíritu de bambú, significa saber adaptarnos a las situaciones con que nos encontramos, sabiendo curvarnos, para más tarde salir indemnes y victoriosos de las situaciones difíciles.


Según cuenta una leyenda japonesa, en una mañana soleada de verano, un campesino encontró a una niña pequeña dentro de una gran caña de bambú. Ante la sorpresa dudó, pero decidió llevársela a su casa y criarla como a su propia hija. Al crecer, se convirtió en la joven más bella y dulce del país, lo cual hizo que todos los jóvenes apuestos y valerosos del lugar cayeran rendidos a sus pies. A tanta belleza tampoco pudo escapar el emperador, y así se lo expresó a la joven pidiéndole su mano en matrimonio. La bella joven de la que se desconoce su nombre, mandó una carta al emperador manifestándole lo honrada que se sentía por ser objeto de su amor, pero que rechazaba su proposición de matrimonio, porque debía volver al mundo al que ella pertenecía. El emperador muy entristecido por haber perdido a su amada, que había surgido del bambú, quemó la carta en la cima del Fuji-Yama donde las nubes de humo han permanecido para siempre.

El bambú, símbolo de humildad, modestia y longevidad, es una emblema de paz y serenidad, de elegancia, de constancia y de obstinación. En Japón tiene asociaciones poéticas. El bambú, el pino y el ciruelo son los tres Amigos del Invierno, una traída de buenos presagios. El tallo recto del bambú simboliza la determinación de la meditación, mientras que su hueco interior sugiere la apertura del espíritu.

Se dice que el bambú de la suerte proporciona éxito en los negocios, armonía y tranquilidad personal, una vida larga y saludable, vigor a la vida amorosa, y según el FengShui, imbuye de energía positiva el ambiente de la estancia donde se coloca. Lo crea o no lo crea, el bambú le puede mejorar la vida. ¡Disfrútela!

 

 

Cuidados
El Bambú de la Suerte, conocido botánicamente como dracaena, es una planta ideal para el interior del hogar (15ºC a 32ºC) además de adaptarse a las condiciones muy variadas de la luz. Sólo necesita un poco de agua, de 25 a 5 cm. según su tamaño que debe renovarse semanalmente.


SubirSubir

 

Regresar a la página principal Condiciones Acerca de Mistral Ayuda Contacto

Copyright © Mistral Bonsai, S.L.
Visualización óptima con navegadores Netscape 4.0 y Explorer 4.0 (o posteriores), con resolución de pantalla de 800x600.