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Rincón filosófico |
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Contexto filosófico
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Zen
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Ceremonia del té
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Bambú de la suerte
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| Contexto filosófico  |
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Cultivar Bonsáis puede resultar una actividad gratificante en sentido
espiritual tal como la concibieron sus creadores chinos.
Buscar
con el bonsái aproximarse a una vía sugestiva de conocimiento de la Naturaleza,
un poco rodeada de un misterio muy oriental. El caso es que abundan ya
en España las Escuelas de Bonsáis, potenciadas incluso por algunas universidades
que imparten cursos a los interesados, y también pequeños talleres donde
los aficionados se reúnen, consultan dudas y se enriquecen con la experiencia
de otros más veteranos.
Pensar, que cuidar Bonsáis no es muy distinto de cualquier
otra tarea de jardinería, sólo que más elaborada y pensada y que, por
tanto, está bastante al alcance de cualquiera que sienta una inclinación
por las cosas naturales, que sepa apreciar la satisfacción de dar forma
a un árbol, recreando paisajes, montañas y bosques.
Por otra parte, las viviendas actuales, con poco espacio,
no permiten un disfrute de la jardinería que, sin embargo, sí es posible
con los árboles en macetas.
Como en todo, lo mejor es no complicarse excesivamente la vida y enfocar
el asunto con sencillez, tal como se debió de plantear en principio, y
romper con la opinión de que cultivar Bonsáis es dedicarse a torturar
a unos pobres arbolitos enanos. Después de todo, siempre se ha acostumbrado
a guiar el crecimiento de los árboles y las plantas, con elementos como
alambres, estacas, etc., sin que por eso nadie haya levantado la voz de
alarma acerca de la tortura que se les aplicaba. Lo esencial es, sin duda,
tener algunos conocimientos de Botánica, los suficientes como para no
dejarse deslumbrar por las terminologías latinas, que tanto abundan en
catálogos y exposiciones de bonsáis, y por supuesto, familiarizarse con
las técnicas de tratamiento de las plantas bonsáis que, muy al modo oriental,
están perfectamente sistematizadas, a través de una práctica que ha ido
acumulando experiencias durante siglos.
Más
allá de sus componentes técnicos elaborados y de los efectos visibles
que se obtengan en el tratamiento de una planta, se podría decir que,
lo más importante de un bonsái, es su contexto filosófico, que se basa
en un origen religioso. Este origen, del bonsái, estuvo centrado en China,
en relación con la Religión Taoísta, con su misión de comunión con la
Naturaleza, porque todo el Universo está representado por el Tao, que
es como el sentido de la vida, la armonía interna de todo lo que existe,
su razón de ser. Para los taoístas, además, las miniaturas son capaces
de sintetizar la energía natural y, por lo tanto, guardan una especie
de dominios especiales, sobre todo si están contorsionadas o conformadas
por condiciones adversas.
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El paso de esta práctica de China al Japón motivó que
se le contribuyesen nuevos enfoques, tanto técnicos como filosóficos y
religiosos, más tarde fue adoptada por el Budismo Zen. Los monjes zen
se convirtieron en grandes maestros del bonsái y, desde el principio,
le condescendieron una mayor ritualización y jerarquía. A pesar de su
popularización, todavía sigue siendo un arte que se aprende de una relación
práctica entre maestro y discípulo, un poco al estilo de los talleres
de los artistas del Renacimiento en Europa.
El respeto y veneración por un maestro es tal, que un árbol tratado por
uno de ellos alcanza altísimas cifras cuando es puesto a la venta. En
la actualidad, este rígido método ha dado paso a una mayor elasticidad,
a lo que sin duda contribuye el hecho de que el bonsái haya pasado de
los monasterios zen a las modernas terrazas de los apartamentos occidentales.
Cuando
en 1909 se realizaba por primera vez en Europa, concretamente en Londres,
una exposición de Bonsáis, se abría una nueva etapa para este árbol oriental,
cuyos primeros testimonios datan del siglo XIV en China. En todos estos
siglos, numerosos estilos se han sucedido en la práctica de un arte que,
más allá de una simple afición de jardinería, busca expresar estados de
ánimo, ideas y formas, además de estar en comunicación con la Naturaleza.
Aunque
no deja de mantener su carácter enigmático, no cabe duda que los maestros
orientales se han visto sustituidos por los clubs de aficionados de Occidente
y las revistas especializadas. Se atiende a la perfección y eficacia de
las técnicas empleadas, a la espectacularidad de los efectos logrados,
y hasta a la competición que se establece en exposiciones diversas, más
que a la idea que el bonsái, en un plano más espiritual, intenta transmitir.
Por otra parte, la forma de apreciar el tiempo que se
tiene en Occidente, tan diferente a la oriental, se ve reflejada, por
ejemplo, en lo que se considera en la actualidad un buen bonsái: debe
tener aspecto de árbol fundamentalmente, aunque sea un ejemplar inmaduro
de cinco años. Sin embargo, antes, se decía que para que un árbol fuera
perfecto necesitaba, por lo menos, cincuenta años de maduración.
El cariño que tenían los japoneses por sus Bonsáis se
ve ejemplificado en el argumento de una obra de teatro "noo" en la que
el labrador Tsuneyo, que no tenía más que tres Bonsáis -un pino, un cerezo,
y un albaricoquero-, los quemó una noche de nieve para calentar a un ilustre
huésped que se presentó de improviso en su casa y que luego resultó ser
un gran sabio. |
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| Zen  |
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Alegría y felicidad
Existen dos formas reconseguir llegar a la alegría y la felicidad.
Un camino es realzar la sensual belleza de todo lo que nos rodea.
El otro es eliminar cualquier cosa que pueda ensombrecerla. Dejando
las cosas en su esencia, llegamos a una claridad que nos ayuda a
enfrentarnos mejor a ellas. La complejidad puede crear efectos espectaculares,
pero la simplicidad nos permite una mayor concentración y
la apreciación de nuestro entorno con una sensibilidad más
profunda y directa.
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Sentido y espíritu
La estimulación viene del ambiente. La tranquilidad viene
del interior de uno mismo. Supongo que así es como disfruto
viviendo con menos objetos en mi vida.
Creo que todos los objetos tienen un alma, y que todo el mundo tiene
la sensibilidad necesaria para poder ser consciente de ese alma.
Estar rodeado de objetos es como encontrarse en una estación
de tren en hora punta: en ocasiones, es mucho mejor estar solo y
tranquilo.
Todos confiamos fuertemente en las comunicaciones. Vivimos en un
reino de perturbaciones, que deterioran nuestra visión y
percepción.
Demasiadas cosas no están hablando al mismo tiempo.
De forma inconsciente, tendemos a enfrentarnos a ello combinando
los diferentes elementos en composiciones más o menos agradables,
como si hiciéramos música. Coordinamos nuestras prendas,
nuestros alimentos y nuestras casas.
Una evidente aproximación alternativa
sería la concentración, al llegar a la esencia, un
motivo para dar un paso hacia atrás y permitirnos a nosotros
mismos captar el momento propicio para sentir el alma.
Eliminando el ruido que nos rodea, percibiremos desde el interior
la belleza de lo que permanece. Piense en la naturaleza en las horas
tempranas. La divina simplicidad de la mañanas-el pájaro
solitario cuya canción se abre camino hacia nosotros, a través
de una densa bruma-.
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Verdad y Libertad
Un lugar se convierte en tu casa cuando eres sincero. Entonces el
hogar es donde se encuentran la verdad y la libertad. Uno
puede vestirse para protegerse y para proyectar una imagen que considera
que es la más apropiada. Pero yo no creo que crear un hogar
tenga mucho que ver con afirmar una imagen determinada. Ni siquiera
una imagen privada para uno mismo. Uno puede vivir su vida en dos
o más planos, con una cara pública y nada privada,
un recibidor y un dormitorio cerrado con llave. Creo que ninguna
de las dos es enteramente satisfactoria. Un lugar se convierte en
un hogar
cuando la mano que guía y dispones no ni privada ni pública.
Una casa no es un espejo de la propia imagen, ni un ambiente donde
cultivar esa imagen. Una casa no tiene nada que ver con la imagen,
tiene que ver con un <<tu>> que no necesita ninguna
imagen.
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RAÍCES DEL ZEN.
ESPÍRITU DEL ZEN. LAS BASES DEL ZEN.
PUREZA Y SIMPLICIDAD. QUIETUD Y FLUIDEZ. ORNAMENTO Y FUNCIÓN.
CONCIENCIA. LUZ, ESPACIO Y SOLIDEZ. SENCILLEZ Y MAESTRÍA.
LA CURVA DE UNA BUENA ACCIÓN. VERDAD Y PERCEPCIÓN.
CEREMONIA.
“ANTES
DE QUE UNA PERSONA CONOZCA EL ZEN, UNA SILLA ES UNA SILLA Y UNA PIEDRA
ES UNA PIEDRA. DEPUÉS DE UN PRIMER VISTAZO SOBRE LA VERDAD
DEL ZEN, LA SILLA YA NO ES UNA SILLA Y LA PIEDRA YA NO ES UNA PIEDRA.
DESPUÉS DE LA <<ILUMINACIÓN>>, UNA SILLA
ES DE NUEVO UNA SILLA Y UNA PIEDRA ES DE NUEVO UNA PIEDRA.”
Dicho Zen, adaptado
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| Breve historia del Té  |
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La ceremonia del té, que en japonés recibe el nombre
de chanoyu, es una costumbre social y estética característica del
Japón, en la que se sirve y se bebe el matcha (té verde en polvo).
De acuerdo con las fuentes históricas documentadas, el té fue introducido
en el Japón alrededor del siglo VIII, procedente de China, donde esta
infusión se consumía desde el período de la dinastía Han oriental (años
25-220 de la Era Cristiana). El matcha, tal como se consume hoy
en día, era aún desconocido por entonces. Su aparición no se produjo hasta
finales del siglo XII, época en que fue importado de China, país entonces
gobernado por la dinastía Sung. En aquellos tiempos, el té era una especia
muy apreciada; se utilizaba sobre todo como bebida y se le atribuían también
propiedades medicinales. Respecto a su origen hay una leyenda acerca del
monje Bodhi-Dharma, el fundador del Budismo Zen. Se dice que un día Bodhi-Dharma,
por haberse dormido después de años de continua meditación, se cortó los
párpados, arrojándolos luego al suelo. Y en donde los párpados cayeron,
dice la leyenda, brotó la planta del té; utilizando las hojas de dicha
planta, los discípulos del monje prepararon una bebida que les permitía
combatir el sueño y la fatiga durante sus largas meditaciones.
Dada esta vinculación con el Budismo, especialmente con
el Budismo Zen, el té fue introducido en el Japón por monjes budistas,
hace ya más de 1.200 años. Siglos habrían de pasar, sin embargo, antes
de que el té se arraigase en el suelo y la cultura japonesa, para así
poder dar lugar al florecimiento de la Ceremonia del Té.
Las bases del Cha no yu (Ceremonia del Té) fueron cimentadas
en los siglos XV y XVI por tres notables maestros del té (Shoko Murata,
Jo-o Takeno y, especialmente, Sen no Rikyu) quienes imprimieron en esta
ceremonia su clásico sabor de Zen. De hecho, gracias a la influencia del
Budismo Zen, el Cha no yu se transformó desde un simple pasatiempo social
en un arte estético que ejerció gran influencia en otros campos de la
cultura japonesa como en el Ikebana, la cerámica, los jardines y la arquitectura
de los hogares japoneses.
La costumbre del chanoyu ha desempeñado
un papel importante en la vida artística de los japoneses ya que, por
sus características estéticas, implica la apreciación del recinto en que
se celebra, del jardín adyacente al mismo, de los utensilios con que se
prepara y se sirve el té y de la decoración, que consiste por lo general
en una estampa colgada de la pared y un chabana o motivo floral especialmente
concebido para esta ceremonia. El desarrollo de la arquitectura, la jardinería,
la cerámica y las artes florales ha obedecido en gran medida a la influencia
de la ceremonia del té. El espíritu del chanoyu, que representa la belleza
de la simplicidad estudiad a
y de la armonía con la naturaleza, ha moldeado la base de estas formas
tradicionales de la cultura japonesa.
Es más, el desarrollo de las formas de cortesía cotidiana
de la mayoría de los japoneses obedece sobre todo a los formalismos que
se observan en la ceremonia del chanoyu. En consonancia con este
hecho, es práctica común entre jóvenes el recibir lecciones en este arte
antes de casarse, con el fin de cultivar el estilo refinado y la gracia
de movimientos propios del mismo.
La ceremonia del té típica
1 Materiales y equipos: Es costumbre el llevar
a cabo la ceremonia en una casa especialmente dedicada a ello, que recibe
el nombre de sukiya. es una pequeña
choza
que se compone de dos habitaciones: Mizuya y Chasitsu. El Mizuya es el
cuarto donde se lavan y preparan los utensilios que se han de utilizar
en la ceremonia. El Chasitsu es el lugar donde se realiza la Ceremonia
del Té propiamente dicha. Este es un cuarto bastante pequeño, de unos
2,7 metros cuadrados, pero lo suficientemente grande para acomodar
5 personas (considerado como el número ideal de invitados). El Chasitsu
es también un cuarto desprovisto de adornos, a excepción del Ikebana (arreglo
floral) y del Kakemono que se colocan en el Tokonoma, los cuales deben
de ser contemplados por los invitados al entrar a la habitación. La entrada
del Chasitsu es de forma cuadrada y construida a poca altura sobre el
nivel del suelo; cada invitado, por lo tanto, después de descalzarse,
forzosamente tiene que entrar agachado como acto de humildad. El Tokonoma,
mencionado anteriormente, es descrito como un nicho o, mejor aún, como
un estante de madera fina adherido a la pared y desprovisto de anaqueles.
Además del Chasitsu, el Tokonoma es utilizado también en el Zashiki o
habitación principal de la casa japonesa; el Tokonoma es el sitio de honor
del hogar japonés. El Kakemono es un lienzo alargado, con pinturas o poemas
orientales, que se cuelga en el Tokonoma.
1.1 Utensilios
Los utensilios son el cha-wan (tetera), el cha-ire (recipiente
para el té), el cha-sen (agitador especial de bambú) y la cha-shaku (cucharón
de servir, de bambú).Estos utensilios suelen ser valiosos objetos artísticos.
1.2 Ropas y ornamentos
Para las ropas, se prefieren los colores poco llamativos.
Cuando se trata de ceremonias formales, los hombres llevan kimonos de
seda de colores lisos, con los blasones de la familia y los tradicionales
tabi (calcetines) blancos. Los invitados deben traer un pequeño
abanico plegable y unas cuantas kaishi (servilletas de papel pequeñas),
cada uno.
1.3 Preparación del Té
Cuando los invitados están ya sentados en sus lugares
correspondientes, el anfitrión entra en silencio y toma su lugar frente
al brasero. Después de ofrecer pastelillos japoneses a sus invitados,
el anfitrión empieza la preparación del té.
Para ello, en un tazón echa la cantidad apropiada de té en polvo con una
cucharita de bambú y luego añade la cantidad necesaria de agua caliente.
A continuación, con un batidor especial de bambú, agita la bebida hasta
que se forme una espuma. Una vez listo el té, el anfitrión lo ofrece primero
al invitado principal quien lo acepta con una reverencia.
Para tomar el té, el invitado coloca el tazón en la palma
de su mano izquierda, asegurándola con la mano derecha. Con esta misma
mano el invitado gira el tazón hacia la derecha para no beber por su parte
principal. Después de tomar el té en varios sorbos, el borde del tazón
por el cual se bebió es limpiado con la punta de los dedos de la mano
derecha; los dedos, a su vez, son limpiados en una servilleta especial
que se trae consigo. Tras contemplar debidamente el tazón, el invitado
lo devuelve al anfitrión quien, después de lavarlo, lo utiliza para el
siguiente invitado.
La ceremonia en sí:
La ceremonia normal del té consiste en las siguientes
fases:
1)Una comida ligera, llamada kaiseki
2)Elnaka-dachi, o pausa intermedia.
3)Elgoza-iri, que es la fase principal en la que
se sirve un tipo de té espeso
4)Elusucha, fase final, en la que se sirve té
claro.
La ceremonia completa dura unas cuatro horas, aunque
muchas veces se limita a la última fase o usucha, que dura alrededor
de una hora.
1)Primera fase:
Los invitadosntrar a gatas, como gesto de humildad. En
la sala hay un horno de albañilería fijo, en número de cinco, se reúnen
en la sala de espera. El
maestro de ceremonias aparece y los conduce, por el camino del jardín,
hasta la sala de ceremonias. A un lado del camino
hay un recipiente de piedra con agua fresca, en el que los invitados se
lavan las manos y se enjuagan la boca. La entrada a la sala de ceremonias
es muy baja, lo cual quiere decir que los invitados tienen que e o bien
un brasero portátil, para calentar agua. Cada invitado se arrodilla ante
la capilla o tokonoma y hace una reverencia respetuosa.
A continuación,con su abanico plegable colocado ante sí, admira la estampa
o pintura colgada en la pared de la tokonoma., Luego hace las mismas
operaciones ante el hornillo o brasero. Una vez que todos los invitados
han terminado de admirar estos artículos, se sientan; el invitado principal
se coloca más cerca que los demás del maestro de ceremonias. Una vez que
éste y los invitados han
intercambiado las cortesías de rigor, se sirve la kaiseki, que
termina con unos dulces a manera de postre.
2)Nakadachi
Cuando el maestro de ceremonias lo indica, los invitados
se retiran a un banco destinado a ello, colocado en l jardín interior
que rodea a la casa de té.
3)Goza-iri
El anfitrión hace sonar un gong de metal, situado cerca
de la sala de ceremonias, con lo cual indica el principio de la fase principal
del rito. La costumbre establece que el gong se haga sonar cinco o siete
veces. Después de repetir las abluciones purificadoras en el recipiente
de agua fresca, los invitados vuelven a entrar en la sala. Un ayudante
retira las persianas de juncos que cubren las ventanas por fuera, con
el fin de dar más luz al interior. La estampa o pintura ha desaparecido
y, en su lugar, se ve en la tokonoma un recipiente con flores artísticamente
arregladas. Los recipientes de cerámica para el agua y el té están ya
colocados en sus sitios. A continuación, entra el maestro de ceremonias,
que lleva en sus manos la tetera, con el agitador de bambú dentro y el
cucharón de bambú encima. Los invitados admiran el adorno floral y la
tetera, igual que hicieron anteriormente con la estampa y el brasero,
al principio de la
primera fase. El maestro se retira a la sala de los preparativos y no
tarda en volver con el recipiente para el agua sobrante, la cuchara y
el soporte para la tetera o la cuchara. A continuación, limpia el recipiente
del té y el cucharón con un paño especial que recibe el nombre de fukusa
y enjuaga el agitador en el cuenco del té, después de verter en éste agua
caliente del recipiente colocado al fuego. Luego, vierte este agua en
el recipiente destinado a ello y limpia el cuenco con el chakin (paño
de hilo).
El maestro de ceremonias levanta el cucharón y el recipiente
del té y coloca el matcha (tres cucharadas por invitado) en el
cuenco; a continuación, llena el cucharón de agua caliente, que toma del
recipiente colocado al fuego, vierte un tercio del agua en
el cuenco y devuelve el resto al recipiente. Luego agita la mezcla con
el agitador de bambú, hasta que adquiere un aspecto y consistencia similar
a una sopa de guisantes espesa. Esta mezcla recibe el nombre de koicha.
Elmatcha que se utiliza para esta fase de la ceremonia está hecho
de las hojas jóvenes de plantas que tengan más de veinte años de edad
(hasta un máximo de setenta o más años). El maestro de ceremonias coloca
el cuenco en su lugar correcto cerca del brasero o el hornillo y el invitado
principal se desplaza sobre sus rodillas para tomar el cuenco. Este invitado
hace una inclinación a los demás y coloca el cuenco en la palma de su
mano
izquierda, al tiempo que lo sujeta por uno de sus lados con la derecha.
Toma un sorbo, alaba su sabor y toma otros dos o más sorbos. Luego limpia
la parte del borde que ha tocado con los labios, sirviéndose de una de
las servilletas de papel (kaishi), y pasa el cuenco al invitado
siguiente que repite las operaciones del invitado principal. El cuenco
pasa luego sucesivamente a los demás invitados hasta que todos han bebido
su parte del té. Una vez que ha terminado el último invitado, éste devuelve
el cuenco al invitado principal, que lo entrega al maestro de ceremonias.
4)Usucha
Se diferencia del koicha sólo en que el matcha que se
utiliza está hecho de las hojas jóvenes de plantas que tienen entre tres
y quince años de edad. La mezcla verde que se consigue así tiene consistencia
espumosa.Las normas que se observan en esta parte de la ceremonia son
similares a las que rigen el koicha, con las siguientes diferencias:
a) El té se prepara individualmente para cada invitado
con dos (o dos y media) cucharadas de matcha. Cada invitado debe beber
su cuenco entero. b) Cada invitado debe limpiar la parte del borde del
cuenco que ha tocado con los labios con los dedos de su mano derecha y
luego limpiarse los dedos con el kaishi.
Una vez que el maestro de ceremonias ha sacado los utensilios
de la sala, hace una reverencia en silencio ante los invitados con lo
que indica que el rito ha terminado.
Los invitados entonces abandonan la sukiya, seguidos
por la mirada del maestro de ceremonias. |
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El bambú de la suerte 
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Seguro
que ha oído muchos relatos acerca de las propiedades del bambú.
El bambú de la suerte, es una planta que además de decorar
el hogar y de transmitir felicidad, puede describir el carácter
de una persona. Pues tener espíritu de bambú, significa
saber adaptarnos a las situaciones con que nos encontramos, sabiendo curvarnos,
para más tarde salir indemnes y victoriosos de las situaciones
difíciles.

Según cuenta una leyenda japonesa, en una mañana
soleada de verano, un campesino encontró a una niña pequeña
dentro de una gran caña de bambú. Ante la sorpresa dudó,
pero decidió llevársela a su casa y criarla como a su propia
hija.
Al crecer, se convirtió en la joven más bella y dulce del
país, lo cual hizo que todos los jóvenes apuestos y valerosos
del lugar cayeran rendidos a sus pies. A tanta belleza tampoco pudo escapar
el emperador, y así se lo expresó a la joven pidiéndole
su mano en matrimonio. La bella joven de la que se desconoce su nombre,
mandó una carta al emperador manifestándole lo honrada que
se sentía por ser objeto de su amor, pero que rechazaba su proposición
de matrimonio, porque debía volver al mundo al que ella pertenecía.
El emperador muy entristecido por haber perdido a su amada, que había
surgido del bambú, quemó la carta en la cima del Fuji-Yama
donde las nubes de humo han permanecido para siempre.
El
bambú, símbolo de humildad, modestia y longevidad, es una
emblema de paz y serenidad, de elegancia, de constancia y de obstinación.
En Japón tiene asociaciones poéticas. El bambú, el
pino y el ciruelo son los tres Amigos del Invierno, una traída
de buenos presagios. El tallo recto del bambú simboliza la determinación
de la meditación, mientras que su hueco interior sugiere la apertura
del espíritu.
Se
dice que el bambú de la suerte proporciona éxito en los
negocios, armonía y tranquilidad personal, una vida larga y saludable,
vigor a la vida amorosa, y según el FengShui, imbuye de energía
positiva el ambiente de la estancia donde se coloca. Lo crea o no lo crea,
el bambú le puede mejorar la vida. ¡Disfrútela!
Cuidados
El Bambú de la Suerte, conocido botánicamente como dracaena,
es una planta ideal para el interior del hogar (15ºC a 32ºC)
además de adaptarse a las condiciones muy variadas de la luz. Sólo
necesita un poco de agua, de 25 a 5 cm. según su tamaño
que debe renovarse semanalmente.
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